+34 91 882 19 56

¿Y para qué estudiar escalas?

Uno de los grandes tedios -no nos vamos a engañar- de todo estudiante de música comienza cuando su profesor empieza a pedirle un trabajo de estudio independiente al de las obras: los ejercicios de técnica. Entendemos que se trata de una especie de “gimnasia de los dedos”, que sirve para coger agilidad en los mismos y que a la hora de afrontar una pieza nos sea mucho más sencillo trabajarla, pero eso no quita para que no nos resulte un trabajo bastante aburrido.

estudiando escalas


Hay muchos tipos de ejercicios: los que trabajan un mismo patrón melódico o intervalos verticales seguidos que se repiten en distintas alturas, también existen pequeñas piezas enfocadas a este tipo de trabajo a las que denominamos “estudios”, pero sin duda uno de los ejercicios más conocidos -y a la vez odiados- es el estudio de las escalas..

A partir de un determinado momento, no sabemos cómo, las escalas se convierten para la mayoría de estudiantes de piano, cuerda o viento en un acompañante para toda la vida. Pero… ¿por qué hacer tantas escalas?

Para entender esto, primero hay que saber que prácticamente todas las obras musicales que interpretamos se basan en alguna escala. Sin embargo, puede producirse una confusión si se considera que las únicas escalas que existen son las mayores y menores, y esto se debe a que desde los últimos años de la época medieval hasta el Postromanticismo (justo el período cuyas piezas son más interpretadas por los estudiantes de música), la música occidental se ha construido fundamentalmente dentro del llamado Sistema Tonal. Este sistema se basa precisamente en el uso de dos escalas: la escala mayor y la escala menor, pero no hay que olvidar que existen otros sistemas y que hay tantos tipos de escalas como combinaciones de sonidos ordenados queramos hacer, desde cinco notas hasta doce (y eso si nos quedamos sólo en los doce sonidos del piano, pues otros instrumentos como viento o cuerda pueden hacer incluso más de doce).

Sabiendo esto podremos comprender que las escalas no son sólo un ejercicio de técnica para los dedos, sino que son la base sonora de muchas de las composiciones que vamos a interpretar. Cuando las sacamos de contexto y las tocamos de arriba a abajo nos puede parecer que no estamos haciendo más que tocar notas seguidas en una dirección o en otra sin más motivo que el puramente técnico, pero esto no es así. Si por ejemplo conocemos la escala de Re Mayor y sabemos tocarla con destreza en nuestro instrumento, a la hora de interpretar una pieza que esté en la tonalidad de Re Mayor conseguiremos muchas cosas: no tener que pensar en la armadura al tenerla ya interiorizada, facilidad para aprender y memorizar la obra, agilidad en los dedos y buenos reflejos en pasajes difíciles, una mayor precisión en la afinación de cada nota y, lo mejor de todo, podremos hasta improvisar algo sobre la marcha sin mucho problema.

«Leyendo todas estas ventajas ahora nos puede parecer que las escalas son el camino del éxito en el mundo de la música, pero lo cierto es que esto no es así».

Existen grandes intérpretes que no han hecho una escala en su vida y otros que saben hacer del tirón las escalas en las 24 tonalidades y no han salido tan bien parados. Al final no es más que una herramienta como cualquier otra, y como toda herramienta hay que saber utilizarla.

En este campo hay muchas teorías y cada profesor enseña a los alumnos a trabajar las escalas de una manera, algo que también varía según el instrumento. También hay muchos debates sobre si la técnica debe estudiarse aparte, directamente sobre las obras o sólo a través de estudios.

Para aportaros mi punto de vista me remito a lo que he dicho anteriormente de que muchas de las obras que tocamos se basan en una escala y que no debemos olvidar que existen muchos tipos. Considero que una buena manera de introducir a los alumnos en el estudio de las escalas es trabajando la escala (o escalas, pues pueden ser más de una) en la que está basada la pieza que esté tocando en ese momento y que esto le sirva no sólo de técnica, sino para comprender mejor la obra. Al final, estudiar todas las escalas en las 24 tonalidades no es perjudicial, y en determinados niveles de cada instrumento puede resultar muy útil, pero al ser tantas, con armaduras diferentes y que a pesar de ello suenan todas casi igual, resulta un poco exagerado y se puede perder en cierto sentido la finalidad de su estudio.

Quizás siguiendo mi consejo, especialmente en alumnos de primeros cursos, puede ocurrir que éstos acaben conociendo sólo las escalas de Do Mayor, Sol Mayor y poco más, pues sólo tocan piezas en esas tonalidades, pero… a lo mejor podríamos tratar de buscar repertorio para ellos en otras tonalidades que no sean las mismas de siempre o, mejor aún, en otros sistemas como el modal, pentatónico, cromático, jazz, dodecafónico… buff, ¡hay tantos! Ahí lo dejo 😉

Scroll al inicio